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NF2

 

En la sociedad del conocimiento, el aprendizaje, se ha vuelto tan esencial como “el aire que respiramos”. Es por ello, que la construcción de saberes, se configura como una propuesta que incluye una trama de especialidades y campos disciplinares basada en la interdisciplinaredad. Asimismo, en esa concepción de aprendizaje, la formación de la personalidad educadora se inscribe en el camino, no sólo de la Responsabilidad Social –como sustento de promoción humana a través de la acción educativa- sino, en la praxis de las virtudes y valores cristianos, en busca de la oportunidad del desarrollo personal, continuo del futuro educador, desde una perspectiva inmanente y trascendente.
 
Desde este enfoque, de aprendizaje formativo, la Escuela Profesional de Educación desarrolla sus actividades. Asumiendo que, el conocimiento, se construye, se elabora, mediante un proceso de aprendizaje; es decir, mediante una elaboración individual a través de la experiencia con una aportación -fundamental- de la interacción social. Constituyéndose, entre la Escuela Profesional y el contexto del estudiante un tejido sociocultural, en el que el aprendizaje no consiste en memorizar y repetir información –enseñanza tradicional- sino, en una reestructuración compleja en la intervienen el propio discente, los contenidos objeto de aprendizaje y los agentes mediadores (profesores, compañeros, conocimiento, recursos de aprendizaje, tecnologías de la información y de la comunicación) que ayudan a construir los significados de la educación.
 
Comprender la docencia, intervenir en el desarrollo de la comunidad con responsabilidad social y sentido de la dignidad trascendental de la persona humana; así como, ofrecer una formación profesional que abarque los valores éticos y la dimensión de servicio a las personas y a la sociedad, son el propósito fundamental de la Escuela Profesional de Educación.